Rebelión Mau-mau en Kenya
En Kenya, a mediados del siglo XIX, la población sumaba 2,5 millones de habitantes y en 1952 el censo arrojó un total de 5,25 millones de habitantes. Sin embargo su participación en la vida política del país era mínima. En 1944 los africanos apenas contaban con un escaño en el parlamento y el resto eran colonos blancos. Terminada la Segunda Guerra Mundial los colonos pensaron que podían recuperar el statis de antaño y volver la mejor época de la colonia, situación que mostró signos preocupantes cuando una gran oleada de inmigrantes europeos, escapando de sus desolados países, llegaban a Kenya tratando de labrarse un porvenir.
Esa situación causó un gran malestar entre la población negra que veía cómo los 3000 propietarios blancos, eran dueños de las mejores tierras promediando 1400 hectáres por propietario, pero a pesar de contar con apenas 26.000 kms cuadrados de áreas cultivables, obtenían un rendimiento de 1163 libras esterlinas anuales cada uno. Sin embargo, 1.383.300 propietarios negros que eran dueños de 83.000 km2 de tierras, a razón de 9,5 hectáres por cada uno, obtenían apenas 34 libras esterlinas anuales como beneficio.
En 1952, en Kenya, los representantes negros en el Parlamento habían aumentado a cinco, un número evidentemente pequeño para la población de kenyata de entonces y el gobierno, que estaba en manos de oficiales del servicio colonial, actuaba de acuerdo con y para beneficio, de los colonos blancos. La población negra, trabajando 200 días al año, aportaba la mano de obra por un exiguo salario y una pequeña parcela para su alimentación. Para completar ese cuadro, los colonos blancos controlaban el comercio agrícola, la industria ligera y el comercio. Las demás actividades comerciales y otros servicios estaban en manos de la población inmigrante asiática.
El descontento de los kenyatas había ido aumentando desde fines de los años 30, pero quedó ligeramente estabilizado durante los años de guerra cuando los africanos prestaron servicio militar, reclutados por los británicos, y adquirieron conocimientos en el manejo de armas de fuego. Obviamente era una innovación importante para una población, que durante siglos, sólo fue experta en el uso del arco, la flecha y la lanza. Por eso, la insurrección no se hizo esperar y llegó a la entrada de los años 50 liderada por Jomo Kenyatta, quien comenzó la organización a comienzos de los años 40.
La organización Mau-mau se formó a partir de la Kenyan African Union (KAU) o Unión Africana de Kenya, pero con la diferencia que sus miembros realizaban un juramento en una ceremonia ritual. El sólo hecho de saber que el intrascendente juramento había sido hecho por alguien, le significaba la prisión por tiempo indefinido. Los mau-mau estaban organizados en dos grupos: un ala militante y un ala pasiva. La segunda se encargaba de darle los apoyos necesarios a los primeros, que realizaban las acciones armadas. La fuerza militante estaba formada por secciones de 35 hombres, pelotones de tres secciones y compañías de tres pelotones, pero con 250 hombres. Es probable que los mau-mau sumaran unos 12.000 hombres en total, pero no contaban con gran número de armas y municiones y estaban mal coordinados entre sí en la vasta región de los montes Aberdare y del monte Kenya.
Grupos de las tribus de los kikuyo, los embu y los merú, se plegaron al alzamiento a pesar que después se dijo que todos habían participado desde un comienzo junto con los mau-mau. A la tribu mau-mau se le atribuyó todo tipo de acciones diabólicas extremadamente sanguinarias, gracias a los relatos de funcionarios blancos apoyados por los misioneros. Por ello se justificaba la imposición de la fuerza a un alzamiento que por medio de actos de horror pretendía subvertir el orden colonial.
Durante todos los años 50, en todo el mundo, mencionar a los mau-mau era peor que hablar del mismísimo demonio, pues las agencias de noticias de la potencias occidentales se encargaban de difundir las peores imágenes de barbarie que no podían menos que causar el repudio de toda persona civilizada.
Gracias a la experiencia militar de los kikuyo, los mau-mau pudieron realizar muchas acciones de tipo comando que obligó a Gran Bretaña a enviar a Kenya cinco batallones de infantería, seis batallones de fusileros africanos, cuantiosos contingentes de policía colonial y dos escuadrones de bombardeo de la RAF. Obviamente el gobierno colonial de Kenya no podía sufragar las enormes demandas militares en equipo y entrenamiento, a los que tuvo que añadir grandes reformas y planes de ayuda social, por tanto Londres tuvo que abrir las arcas reales y afrontar con la mayor parte del gasto, incluyendo la infusión de dinero que se invertía en obras públicas, que daban trabajo a los negros, pero de una manera u otra se revertía en negocio para los colonos blancos y asiáticos. El gobierno de Londres no tenía otra alternativa que emplear todos los medios a su alcance para conjurar la rebelión, de lo contrario las repercusiones en otras colonias habrían sido irremediables para la Corona británica.
La insurrección fue un alzamiento tribal y no un plan nacional de independencia, puesto que la mayoría de las tribus o la población urbana no apoyaron el alzamiento mau-mau. Sin embargo apoyaban el objetivo final, rechazando la violencia que del lado británico fue tan feroz como del lado mau-mau. Luego de iniciar ataques contra colonos blancos, los mau-mau arremetieron contra los kikuyo que gozaban de mejor posición económica, particularmente los que trabajaban para el gobierno o eran propietarios de las mayores extensiones de tierra. Por ello, muchos kikuyo apoyaron al gobierno a pesar que desaprobaba el sistema colonial.
Durante la Operación Jock Scott el 20 de octubre de 1952, Jomo Kenyatta, junto con Fred Kubai y Achieng Omako, fueron detenidos. Las detenciones de los líderes no causaron mucho daño al movimiento mau-mau, pues lo primitivo de su organización requería de poca cohesión para su funcionamiento. Sus miembros más se veían comprometidos por su juramento que por la jerarquía o la dependencia de sus líderes.
A medida que pasaba el tiempo el gobierno ganaba adeptos entre la población negra que se plegaba a la Guardia Kikuyo en defensa de las poblaciones y aldeas contra los ataques mau-mau. El gobierno británico emprendió una campaña basada en operaciones militares y policiales en las zonas de asentamientos blancos, realizando patrullas masivas con operaciones de limpieza en las que detenían a todos los sospechosos y los enviaban a campos de rehabilitación, donde les impartían "cursos de educación cívica". Así 90.000 personas fueron capturadas para pasar por la reeducación psicológica, a la par que el plan de obras públicas les ofrecía trabajo.
La población blanca aterrada por los mau-mau y deslumbrada por la inyección de dinero que hizo Gran Bretaña, apoyó irrestrictamente y con gran complacencia, todas las medidas que se aplicaba para detener la insurrección. De común acuerdo aceptaron la participación de todas las etnias y la aceptación del principio de "poder para la mayoría". A medida que las autoridades coloniales iban ganando la campaña el apoyo de los kikuyo a los mau-mau fue decreciendo. La detención del último de sus líderes, Dedan Kemathi, marcó el fin de la rebelión mau-mau. Después de recuperarse de sus heridas, Dedan Kemathi fue juzgado y condenado a muerte. La lucha armada fue cediendo paulatinamente, pero en algo más de 7 años los mau-mau perdieron más de 10.000 hombres y las fuerzas del gobierno y víctimas de los mau-mau sumaron 2400 personas, de las cuales sólo 63 fueron europeos.
Las reformas en kenya se completaron con la Conferencia de Lancaster House en la que se acordó que se estableciera un Parlamento con mayoría africana y se realizaran inversiones en la agricultura y la concentración de las parcelas de los kikuyo para que adquirieran competitividad. Fueron derribadas las barreras raciales y se aumentaron los salarios urbanos. A principios de los años sesenta la población negra pudo acceder sin restricciones a la administración pública. Jomo Kenyatta fue liberado en 1962 y en 1963 Kenya obtuvo su independencia. Años después Jomo Kenyatta sería el primer Presidente de Kenya.
Sin la revuelta mau-mau las reformas sociales y la independencia de kenya habrían
tardado muchas décadas. Por otro lado lo que hicieron los mau-mau en
Kenya tuvo sus repercusiones en otras regiones africanas donde los movimientos
independentistas comenzaron a sucederse paulatinamente.
Bibliografía:
UK/Europa