Conflicto Chino-Tibetano

Entre 1906 y 1907 la Gran Bretaña reconoció la soberanía de China sobre el Tibet, pero al caer la dinastía Ching en 1912 los tibetanos expulsaron a los chinos y reafirmaron su independencia. Los británicos convocaron a una conferencia en Shimla, India con la participación de representantes de Tibet y China para definir la situación tibetana. Fue acordada la independencia de Tibet con la supremacía china. Kham, en el este del Tibet donde habitaban los khamba fue anexado a China y el oeste de los lhaesianos fue declarada autónoma. Pero los chinos no aceptaron la división y mantuvieron sus reclamaciones sobre todo el territorio tibetano. A la muerte del 13 Dalai Lama la influencia china aumentó y el 14 Dalai Lama, que nació en China, fue elegido a fines de 1939 y luego de una regencia de 10 años asumió el poder en 1950, cuando el poder en China lo tenía el gobierno comunista de Mao Tse Tung después de derrotar a los nacionalistas en 1949. Los chinos apoyaban al Panchen Lama, rival del Dalai Lama y esa fue la excusa para que China invadiera el Tibet en octubre de 1950.

Ocupación del Tibet (6-10-1950)

China envió tres grupos. Cerca a Kanting reunió 50 mil hombres, en Chinghai 40 mil efectivos y en Sinkiang 30 mil hombres. Los khamba eran nómadas y feroces guerreros, mientras que los lhaesianos eran pacíficos y sedentarios. Los chinos tuvieron que enfrentarse al débil ejército de 8500 soldados lhaesianos, que en la práctica era una fuerza policial al mando de Nga-Bou Nga-Wang Jig-Me, y a las guerrillas de los khambas, que en buena cuenta emplearon los mismos métodos de Mao Tse Tung.

En la noche del 6 de octubre cruzaron el río Yangtze las primeras unidades chinas, que avanzaron hacia la pequeña, ciudad de Denko, defendida por apenas 400 soldados. Más al sur, poco más arriba del puerto donde operaba el trasbordador de Markham Oruga, las unidades chinas atravesaron el río. Derrotaron a una pequeña fuerza de 50 soldados, y prosiguieron a Rangsum que se encontraba a 40 km de distancia. El trasbordador fue inmediatamente utilizado para transportar miles de soldados chinos al otro lado del río.

Entretanto, en un punto situado 200 km al sur, una fuerza de 2 mil soldados chinos atravesaba el Yangtze y se dividía en dos columnas cuyo destino era Chamdo, la capital del Tibet oriental a orillas del río Mekong. El ala izquierda se abrió paso hacia Markham Gartok. Tras una defensa inicial, la abrumadora superioridad china llevó al comandante tibetano a ordenar la retirada a sus fuerzas. Pero los khamba, que habían sido reclutados para apoyar a las fuerzas regulares, se opusieron a la retirada y los obligaron a luchar. Sin embargo. no pudieron resistir el ataque chino y todos fueron aniquilados.

Al comenzar la invasión, el general Wang ordenó desde su cuartel general instrucciones a los batallones de vanguardia apostados a lo largo de la orilla oriental del Yangtze. El plan consistía en atravesar el Yangtze en tres grupos. En la noche del 6 de octubre cruzaron el río las primeras unidades que avanzaron hacia la pequeña, ciudad de Denko, defendida por unos 400 hombres. Más al sur, poco más arriba del trasbordador de Markham Oruga, las unidades chinas atravesaron el río derrotaron a una pequeña fuerza de 50 soldados, de los que no consiguió escapar ninguno y amenazaron la guarnición más numerosa de Rangsum a 40 km de distancia. El trasbordador fue inmediatamente utilizado para transportar millares de soldados chinos al otro lado del río.

El 7 de octubre las unidades chinas que habían capturado el trasbordador completaron su avance hasta Rangsum, cogiendo por sorpresa a 300 soldados tibetanos que tras evacuar la ciudad, se retiraban hacia las montañas, en dirección a Chamdo. El 8 de octubre la vanguardia china había alcanzado un desfiladero situado a 4 270 m de altitud, por el que circulaba la carretera que conducía a Chamdo. Los tibetanos montaron la defensa en posiciones elegidas con acierto y causaron al adversario gran número de bajas, pero la fuerza aplastante del número, combinada con los efectos de la artillería china (y las letales esquirlas que sus proyectiles desprendían de las rocas) acabó por obligar a los tibetanos sobrevivientes a retirarse. En aquellos momentos aún no había llegado a Chamdo, y mucho menos a Lhasa, la capital de la nación, noticia alguna sobre la invasión.

El 11 de octubre llegaron a Chamdo las primeras informaciones, traídas por un mensajero a lomo de caballo. Cuando el gobernador, Ngaboo, recibió las noticias, no pensó en organizar la resistencia, sino que estableció inmediato contacto con Lhasa solicitando permiso para capitular. Pero Lhasa rechazó la idea, confiando en que el escarpado relieve y la capacidad de lucha de las tribus khamba retardarían el avance chino. La guarnición de Dengko aún se mantenía, y hasta el 17 de octubre, fecha en que los chinos pasaron el Yangtze 30 km al norte de esta localidad y la atacaron desde el oeste, los tibetanos no recibieron la orden de retirarse a Chamdo. Pese a las órdenes recibidas de Lhasa, Ngaboo había escapado, pero fue atrapado por una fuerza china de vanguardia y rindió la provincia de Kham, junto con unos 700 soldados bien armados. La resistencia tibetana no había durado más que 10 días. China declaró el alto al fuego unilateral y comenzó a negociar la paz. El Dalai Lama envió a Beijing como negociador a su comandante en jefe Nga-Bou Nga-Wang Jig-Me.

En mayo de 1951 se firmó el acuerdo, que era la repetición de los acuerdos que se negociaban desde 1720. China reconocía la autoridad espiritual del Dalai Lama y le otorgaba a Tibet el estatus de región autónoma de China con el nombre de Xizang y el ejército tibetano era anexado a China. La principal diferencia era que en los años 50, el ejército chino estaba fuertemente armado, tenía el apoyo de la URSS y era uno de los más numerosos del mundo. Una vez firmado el acuerdo, las fuerzas chinas ocuparon el país. Aunque se podía decir que China había tomado el control del Tibet, los khambas estaban lejos de aceptar la sumisión y reemprendieron la lucha. En inferioridad de condiciones sólo podían optar por la guerra de guerrillas que se extendió por todo el territorio.

Lo agreste de la geografía, lo inhóspito del clima y la ferocidad de los khambas, pronto causó grandes estragos entre los chinos que no podían resistir el medioambiente y las tácticas guerrilleras de los khambas. La guerra de guerrillas se mantuvo durante años y cobró fuerza durante las revueltas de 1956 y 1959. Los chinos lograron debelar los alzamientos causando 100 mil tibetanos muertos, pero el 10 de marzo de ese año, el pueblo tibetano prácticamente obligó al Dalai Lama a escapar a la India.

El Pachen Lama, simpatizante de los chinos aceptó ocupar el puesto de líder espiritual, mientras los chinos iniciaban una fuerte represión en todo el país. Los monjes fueron obligados a buscar un trabajo laico y los monasterios fueron saqueados. Miles de libros ancestrales fueron quemados.

En 1964, el Pachen Lama fue depuesto después de haber manifestado su apoyo al Dalai Lama, siendo reemplazado por un tibetano seglar. En 1965, fue establecida oficialmente la Región Autónoma del Tibet con la prohibición de las prácticas religiosas y 4 mil monasterios fueron destruidos. La Revolución Cultural comunista de los chinos fue impuesta causando estragos en el pueblo tibetano, de arraigadas costumbres religiosas.

A partir de 1976, la prohibición religiosa fue levantada y se permitió la práctica del budismo. Desde 1980 comenzaron ha abrirse templos budistas, pero siguieron las protestas contra los chinos que impusieron la Ley Marcial en 1989 con una fuerte represión. En los últimos años, varias naciones han elevado su voz de protesta por los abusos que se cometen en Tibet, presionando al gobierno de China a moderar su actitud frente al pueblo tibetano. Recientemente, en enero del 2000, el Karmapa Lama, de apenas 14 años, escapó a la India siguiéndole los pasos al Dalai Lama.

Unos 90.000 tibetanos exiliados viven en varios países en especial India, Nepal y Bután




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