Aviónica en Misiles

Durante la Segunda Guerrá Mundial, se emplearon misiles controlados remotamente por medio de hilos finísimos (filoguiados) y por transmisores de radio (radiocontrolados). Estos sistemas se limitaban a asegurar que el proyectil siquiera la dirección aproximada deseada. Cualquier equipo de radiocontrol para aviones modelo de hoy en día, es más sofisticado que los empleados en esa época. Pero a partir de los años 50, la tecnología progresó hacia sistemas de guía más avanzada que permitían a los misiles Aire-Aire  o AAM (Air to Air Misile) a autoguiarse al blanco. Los sistemas más usados durante la Guerra Fría fueron la autoguia SARH (Semi-Active Radar Homing) y la IR (Infra Roja).

SARH

La autoguía SARH necesita que el avión portador del misil, posea un radar que "ilumine" el avión enemigo. Luego de la adquisición del blanco y del disparo, el receptor del misil recibe los ecos del enemigo y se orienta hacia él. Aún si el misil no logra impactar el blanco y lo rebasa, un dispositivo de proximidad lo hará estallar si antes no lo impacta.

IR

El sistema IR se basa en el principio de que todo cuerpo con temperaturas mayores que -276°C (Cero Absoluto) emite ondas en el espectro infrarrojo. Esta radiación térmica es similar a las ondas de radio pero con una longitud de onda mucho menor. De esta forma, la antena usada por el misil para detectar las emisiones IR del motor del avión enemigo es más pequeña que una de radar de microonda. Pero lo importante es que el avión portador no necesita participar activamente en la dirección del vuelo del misil, puesto que el motor del avión enemigo, sirve de emisor de las radiaciones térmicas que guiarán al misil.

Como es de suponer, el sol emite grandes cantidades de radiaciones IR y pueden confundir a los misiles, lo que sucede en la práctica. Pero a la vez, el receptor del misil puede sintonizarse para que únicamente responda a las radiaciones de los motores, un espectro más estrecho que el emitido por el sol. También se da el caso de "distracciones" causadas por reflejos en ríos y lagos. Con los misiles IR de primera generación, era importante que el avión atacara al enemigo por detrás, por donde la radiación IR es mayor y de la misma forma, los misiles Tierra-Aire o SAM (Surface-Air-Missile), debían ser apuntados y disparados cuando el avión enemigo pasaba y no antes, cuando la radiación infrarroja es mínima. Los sistemas más perfeccionados lograron tal sensibilidad, que podían ser disparados en cualquier circunstancia, incluso con el avión enemigo visto de proa. También es notable el alcance bajo cualquier condición climática que no limita su uso.

Bibliografía:

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